Nos pasa porque en el momento adecuado no hemos encontrado la forma de decir. Nos pasa porque en el instante éramos otros. Nos pasa porque no teníamos registro de lo que seríamos. Nos pasa porque el chat convoca al aroma que resuena en nuestra mejor memoria. Nunca el chat convoca a las espinas y poco y nada a los humedales. El chat, esa manera de charlar con letras, con palabras, un modo textual, eso, el chat, es una extensión de nuestras propias proyecciones. El chat proyecta en vos lo mejor de mi y en mi lo mejor de vos. El chat actúa así como el Photoshop sobre tu imagen. Lava arrugas y el amarillo de los dientes. El chat borra el gesto de fastidio. Por eso el chat enamora. El chat nos hace bellos, eternos, profundos, digamos lo que digamos, allá, del otro lado escucharán más lo que se quiera escuchar que lo que fue escrito, dicho, expulsado. Lo mismo aquí. El chat es un recurso que te vuelve adicto al chat, porque a todos nos envuelven los cantos de sirena y a quién no le gusta sentir las caricias del pasado surcar el presente como si fuera ayer, todo activado por nuestra propia necesidad de futuro. El chat te aleja de las zonas de pasto y te pone muy a disposición de las cuatro paredes de siempre. Pero, entre nosotros hay una pila de kilómetros, entendes. Y, parecía todo tan real, apenas ayer. Hoy sin embargo, la sensación de vacío actúa como una patada en el medio del pecho. Por eso, algunos, estamos viejos para el chat. Pero, allí, entre bits estamos nosotros, todos. Nuestro cuero, nuestras vivencias. Eso vuelve al chat incomensurable. De estar todo más cerca tomaríamos un mate seguramente. Hay que salir a ver cuánto cuesta esa bicicleta de una vez. Porque se puede vivir sin chat, pero no se puede vivir sin una bicicleta. Es el momento de poner una canción de Sabina.
El chat, sombra de nosotros
27 ago ’07 | 0 comments