Con el correr de la tarde el calor se fue apaciguando. Solo un par de luciérnagas (taca-taca, bichitos de luz) se atrevieron a incursionar por la apacible laguna. Desde el balcón un par de extraños miraron el recorrido de las tacas ir y venir por sobre la superficie del lago. Él dejó por momentos que el anverso de su mano roce apenas la rodilla del jean apretujado de ella. Ella dejó que el rozar aconteciera. Fueron señales mínimas. Fáciles de perder en la noche inicial. El piso tenía apenas movimiento y los vasos de cerveza que estaban apoyados en la baranda del balcón terraza temblaban en su superficie al ritmo del golpear machacante de los ritmos del verano. Es imposible olvidar una noche así. No hay forma. Fue en ese instante cuando algunas cosas se ordenaron para siempre y permanecieron para siempre en desorden exhausto. No hubo grieta por donde pasar al futuro. No hubo escalera de incendio por donde escapar hacia otra vida, tal vez una paralela. El encontronazo se escuchó levemente en la terraza pero impactó de modo profundo en dos. Hubo risas de nerviosismo y presencias deterioradas. Hubo un perfume que permanece en la memoria y hubo unos pezones que se aterciopelaban mientras la brisa se llevaba para siempre el batir de alas de las tacas, hasta el sector de juncos donde habrían de posarse. No puede hablarse de intensidad, no sería oportuno. Con el correr de las horas, agolpadas en manojos y tras el paso del tiempo inevitable hubo alcoba, restos de almohada, de nube, de gritos, de siestas con aroma a fresias, y en la pared una interminable colección de miradas que fluyen por la ventana hasta posarse en el rosal que se aferra como puede al muro descascarado. El pomelo no entiende su misión y más allá de entender o no permanece a la espera de mesas extendidas con manteles de papel liviano como la respiración. Son dibujos en la noche aquello que flota aún en el mejor respiro profundo. Luego cuando al fin ella logró pasar la puerta y abrirle nuevos umbrales de luz, él se apelmasó en la tarde impidiendo el fluir de la vida hecha arte. Hoy, aún es un fuego ausente cada lugar donde no permitió que ella posara su lengua.
Dibujos en la noche
19 ago ’07 | 0 comments